Todo comenzó a fines de noviembre de 2024, cuando recibí un correo de la Universidad ORT Uruguay sobre Projects for Peace. Respondí casi por impulso diciendo que quería participar… pero no tenía idea de con qué. Le saqué una captura al correo y se la mandé a mi amigo Fabián, preguntándole: “¿Querés sumarte?”. Su respuesta fue inmediata: “Sí”.
Nos conocimos en 2017 a través de Proyecto Shoá, una organización que realiza talleres educativos sobre el Holocausto en liceos de todo el país. Esa experiencia nos marcó profundamente y, desde entonces, veníamos pensando ideas relacionadas con la migración, la discriminación y el bullying.
Fabián, que en ese momento daba clases en secundaria, me contaba sobre ciertas tensiones que notaba entre estudiantes uruguayos y adolescentes migrantes, sobre todo centroamericanos. Queríamos hacer algo al respecto.
De taller a videojuego: una propuesta innovadora
La idea inicial era dar un taller presencial sobre empatía e inclusión. Pero nuestra asesora, Sabrina Bianchi, nos desafió a ir más allá: “¿Por qué no hacen un videojuego?”. Así nació el concepto de Otra Orilla, un videojuego narrativo (visual novel) diseñado para liceos, enfocado en la experiencia de jóvenes migrantes.
Fabián, que además era poeta, se entusiasmó con escribir el guión. Yo me encargaría del diseño visual. En marzo se sumó Bruno Ferrari de Team Brunomir como programador, tras una intensa búsqueda. Le mandé un mensaje casi rogándole que se uniera al proyecto, lleno de enlaces (¡hasta mi LinkedIn!) para que supiera que esto iba en serio. Para mi sorpresa, respondió enseguida y con mucho entusiasmo.
Todo comenzaba a tomar forma: diseñé el logo, empezamos a bocetar ideas para la historia, como un protagonista que hace barquitos de papel para pasar el tiempo. El proyecto avanzaba con ilusión… hasta que el 9 de abril recibí una noticia devastadora: Fabián falleció repentinamente, con tan solo 33 años.
Un juego que nace del duelo
Ante la urgencia, escribí el guión del juego en un solo fin de semana. No hubo tiempo para entrevistas, investigación o correcciones. Fue un acto de pura necesidad: sin guión no había juego, y sabía que si me paralizaba por el miedo o la tristeza, no llegaría a hacer nada.
En esa misma intensidad empecé a ilustrar. Usé el software libre Krita para todas las imágenes, y mientras escuchaba podcasts de noche, dibujaba. Luego, subía todo a una carpeta compartida con Bruno, quien lo integraba al motor Unity.
¿De qué trata Otra Orilla: Empezar de 0?
El jugador se pone en el rol de un adolescente venezolano migrante, que acaba de llegar a Uruguay y empieza el liceo. A lo largo del juego, deberá tomar decisiones que afectarán su integración social: ¿Maia lo invitará a su quinceañera? ¿Se enfrentará a un compañero que le dice que “no pertenece”? ¿Se quedará solo?
Es una visual novel, un género popular en Japón que funciona como un libro de “elige tu propia aventura”. El juego tiene tres posibles finales, según las decisiones que el jugador tome. Dura alrededor de 30 minutos, por lo que está pensado para que sea una experiencia en un aula, iniciando conversaciones significativas sobre inclusión, identidad y empatía.
Un proyecto hecho en cinco meses
Otra Orilla: Empezar de Cero fue realizado en tan solo cinco meses. El guión, el arte, la visual, la búsqueda de equipo y las relaciones públicas fueron realizados por mi casi en silencio. No quería hacer promesas que no podía cumplir.
Aunque el desarrollo fue desafiante —sobre todo siguiendo haciendo un lado mi propio proceso de duelo—, también fue profundamente transformador.
El juego comenzó a recibir atención de medios: revistas, diarios, programas de radio. Gente adulta me escribió contándome que les había conmovido la historia. Algunos eran migrantes, otros tenían parejas extranjeras. También presenté el proyecto a Migramedios, un observatorio de la Universidad de la República que analiza discursos sobre migración. Fui con miedo, pensando que me criticarían por inexactitudes. Pero todo lo contrario: fueron muy receptivos y comprensivos.
Lo que sigue
Aunque el juego ya está terminado, para mí es solo el comienzo.
El guión fue un primer borrador, hecho desde la urgencia. Ahora quiero revisitarlo, profundizarlo, enriquecerlo con un equipo de trabajo. Quiero verdaderamente reflejar la experiencia migrante en Uruguay. Y sobre todo, llevarlo a más aulas.
Mi objetivo es presentar esta nueva versión a Ceibal, y a otras instituciones que busquen herramientas educativas innovadoras, accesibles y transformadoras.